Alejandría, entre otras tendencias. La doctrina conservó en esencia su carácter griego. Por extensión, el término se aplicó a teorías metafísicas similares expuestas durante la edad media, el renacimiento y en épocas modernas.
La doctrina neoplatónica es una variante de monismo
idealista para el que la realidad última del universo era lo Uno, perfecto,
incognoscible e infinito. De este Uno emanan varios planos de realidad, siendo
el nous (inteligencia pura) el más elevado. Del nous deriva el
alma universal, cuya actividad creadora origina las almas inferiores de los
seres humanos. El alma universal se concibe como una imagen del nous,
del mismo modo que el nous es una imagen de lo Uno; de esta forma, tanto
el nous como el alma universal, a pesar de su diferenciación, son de la
misma sustancia, es decir que son consustanciales con lo Uno.
El
alma universal, no obstante, al constituirse como un puente entre el nous
y el mundo material, tiene la opción de preservar su integridad e imagen de
perfección o bien de ser sensual y corrupta por entero. La misma elección está
abierta a cada una de las almas inferiores. Cuando, por la ignorancia de su
verdadera naturaleza e identidad, el alma humana experimenta un falso sentido
de distancia e independencia, se vuelve presumida de un modo manifiesto y cae
en hábitos sensuales y depravados. El neoplatonismo mantiene que la salvación
de esa alma es posible gracias a la virtud de la libertad de la voluntad que le
permitió elegir su camino de pecado. El alma debe invertir ese curso, trazando
en sentido contrario los
sucesivos pasos de su degeneración, hasta unirse otra vez con el origen de su
ser. La reunión verdadera se consuma a través de una experiencia mística en la
que el alma conoce un éxtasis total.
En un sentido
doctrinal, el neoplatonismo se caracteriza por la oposición categórica que se
plantea entre lo espiritual y lo carnal, elaborada a partir del dualismo
platónico de idea y materia, oposición que se produce mediante la hipótesis
metafísica de agentes mediadores, el nous y el alma universal, que
transmiten el poder divino de lo Uno a todo, mediante una aversión al mundo de
los sentidos, y por la necesidad de la liberación de una vida de sensaciones a
través de una rigurosa disciplina ascética.
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