Si atendemos al segundo, encontraremos sus teorías
encuadradas en lo que se ha dado en llamar neoplatonismo y es que a él
corresponde una reinterpretación de Platón bajo un tinte cristiano:
Agustín
(354-430) es el último gran filósofo de la antigüedad y principio de la
modernidad, el límite entre dos formas de entender y pensar la filosofía. Se
presenta como un buscador afanoso de la Verdad que hace del Saber una cuestión
de vida o muerte y ello lo consigue al describir, según sus escritos, la
profunda vena religiosa de Platón resumida así: no hay posibilidad de conocer
sin amar porque el conocimiento es amor y sólo amando, llegando a Dios,
conocemos con certeza. Todo conocimiento de Verdad se conoce a través de la luz
de Dios.
A través de la
Patrística -del estudio de los padres- San Agustín recibe la oportunidad de
solucionar el problema de Fe y Razón aunque no parte de distinguir entre la
religión y la filosofía sino que considera a las dos como soluciones equivalentes
para una necesidad vital del hombre que es la posesión de la Verdad. San
Agustín los identificó sin confundirlas, sabía que la razón religiosa se
alcanza con la Fe y la razón de la filosofía se alcanza con la razón.
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