Se mencionan a continuación, muy a grandes
rasgos, las figuras y orientaciones principales del positivismo en diversos
países de Europa y América durante el siglo XIX y comienzos del XX, para
terminar con unas consideraciones sobre algunos elementos del mismo que
persisten en la actualidad.
4.1.
Difusión del positivismo en Europa y América
4.1.1. El positivismo en Francia
El positivismo comtiano tuvo continuidad en
Francia durante el siglo XIX y comienzos del XX a través de figuras como
Littré, Laffitte, Taine y Renan.
Emile Littré
(1801-1881) hizo estudios de medicina y trabajó luego como escritor. Fue
nombrado académico de Francia y desde 1871 se dedicó a la vida política, siendo nombrado senador
ad vitam. Se considera el más importante discípulo francés
de Comte, aunque no admitió las teorías religiosas de su maestro. En su obra
más importante, Auguste Comte et la philosophie positive
(1863), sostiene que la verdadera filosofía de Comte es la “científica”,
expuesta en el Cours de philosophie positive, y no la
“religiosa” descrita en el Sistème de politique positive.
En 1867, Littré fundó la revista «La philosophie Occidentale», órgano
importante de difusión del positivismo. Logró tener gran influencia en la
cultura, orientando el trabajo de científicos y la crítica histórica y
estética.
Pierre Laffitte (1825-1903) fue profesor de
Historia de la ciencia en el Collège de France. Adhirió al positivismo de Comte
en 1844, transformándose en el más comtiano de los positivistas. Nunca abandonó
a su maestro, ni siquiera cuando empezó a desarrollar la religión positivista.
Poco antes de la muerte, Comte lo nombró su sucesor y “gran sacerdote”.
Laffitte no elaboró un pensamiento propio, pero hizo un resumen excelente y
bien sistematizado de la filosofía comtiana, dedicando su esfuerzo a comentar,
difundir, y defender la doctrina de su maestro. Influyó en algunos autores
—Miguel Lemos, Gabino Barreda— que extendieron el positivismo en América
latina.
Hippolyte Taine
(1823-1893). De formación católica que después repudió, fue profesor en l’École des Beaux-Arts de París y académico de Francia. Intentó
aplicar los principios y el método positivista al arte, a la literatura y a las
ciencias históricas. Trató de explicar la obra de arte exclusivamente como producto de las
condiciones ambientales, históricas y psicológicas de su autor, negando toda
creatividad del espíritu. Más en general, consideró toda la vida humana -el
comportamiento moral, las actividades intelectuales-, como expresiones de un
mecanismo regulado sólo por leyes naturales. Para él, la percepción y el
pensamiento no son más que una vibración de las células cerebrales, una “danza
de moléculas” [Taine 1944: I, 244-245].
Finalmente sostuvo una concepción panteísta y determinista de la entera
realidad.Joseph-Ernest Renan (1823-1892). De familia católica, se ordenó sacerdote, pero desde 1845 se alejó de la fe religiosa, que juzgó incompatible con una visión científica de la realidad. Es conocida su crítica de la historia del cristianismo. Piensa que la única forma de conocimiento válido es la ciencia (ciencias de la naturaleza y filología, entendida como ciencia histórica). Intentó aplicar el método positivista al estudio de la historia bíblica, dando una explicación naturalista de Cristo y del cristianismo. En su obra más famosa, Vida de Jesús (1862), primer volumen de una Historia de los orígenes del cristianismo, sostiene que Jesús no era Dios sino sólo un hombre, aunque de grandeza incomparable. Para Renan, como para Comte, las creencias de las religiones positivas, son fábulas mitologías o dogmas, que pertenecen al estadio primitivo que está llamado a desaparecer y ser sustituido por la ciencia crítica. «Vendrá un día en que la humanidad ya no creerá, sino que tendrá ciencia (…), porque la ciencia es la única manera de conocer; y si las religiones han podido ejercer una saludable influencia sobre la marcha de la humanidad, es únicamente por lo que había en ellas mezclado de ciencia» [Renan 1890: 228-229].
Más allá de los autores concretos, a finales
del siglo XIX y comienzos del XX, en los ambientes universitarios de la
Sorbona, dominaba una filosofía materialista y positivista que Raïssa Maritain
describe con viveza en Les grandes amitiés, y Jacques
Maritain, de un modo más reflexivo y analítico en Antimoderne.
No hay comentarios:
Publicar un comentario