El problema descriptivo
puede parecer fácil de resolver: sólo hay que preguntar a los científicos que
describan lo que hacen. Es una ilusión. Los científicos pueden ser eficaces
sopesando evidencias, pero no son eficaces ofreciendo una declaración de principios
que recoja cómo llegan a ellos. Esto no es más sorprendente que el hecho de que
los nativos de habla inglesa sean incapaces de explicar los principios por los
que diferencian las oraciones gramaticales de las no gramaticales. Lo más
sorprendente es cuán difícil ha sido resolver el problema de la inducción
incluso para los filósofos de la ciencia que han dedicado a ello su actividad.
Quizá
la forma más corriente de mostrar cómo se comprueban las teorías sea mediante
el modelo
hipotético-deductivo, según el cual las teorías se comprueban examinando las
predicciones que implican. La
evidencia que muestra
que una predicción es correcta, confirma la teoría; la evidencia incompatible
con la predicción, rebate la teoría, y cualquier otra evidencia es irrelevante.
Si los científicos tienen una evidencia suficiente que corrobora y una no
evidencia que rebate, pueden inferir que la teoría examinada es correcta. Este
modelo, aunque es aproximado, parece en principio ser un reflejo razonable de
la práctica científica, pero está envuelto en dificultades concretas. La
mayoría de éstas demuestran que el modelo hipotético-deductivo es demasiado
permisivo, al tratar evidencias irrelevantes como si aportaran certezas materiales.
Para mencionar tan sólo un problema, la mayoría de las teorías científicas no
implican ninguna consecuencia observable por sí misma, sino sólo al
relacionarse en conjunto con otras suposiciones de base. Si no hay alguna clase
de restricción sobre las suposiciones admisibles, el modelo permitiría
considerar cualquier observación como evidencia para casi cualquier teoría.
Esto es un resultado absurdo, pero es difícil en extremo especificar las
restricciones apropiadas.Dadas las dificultades que afronta el modelo hipotético-deductivo, algunos filósofos han reducido sus miras y han intentado dar un modelo mejor de refuerzo inductivo para una serie de casos más limitada. El caso más sencillo es una generalización empírica del tipo 'todos los cuervos son negros'. Aquí parece claro que los cuervos negros apoyan la hipótesis, los cuervos no negros la refutan, y los no cuervos son irrelevantes. Aún así, esta modesta consideración entraña otros problemas. Supongamos que aplicamos el mismo tipo de consideración a la hipótesis un tanto exótica de que todas las cosas no negras no son cuervos. Los no negros no cuervos (flores blancas, por ejemplo) la apoyan, los cuervos no negros la refutan, y los objetos son irrelevantes. El problema surge cuando observamos que esta hipótesis equivale a la hipótesis original del cuervo; decir que todas las cosas no negras son no cuervos es sólo un modo poco usual de decir que todos los cuervos son negros. Entonces ¿cualquier evidencia que apoye una hipótesis apoya la otra? Esto nos deja, sin embargo, con la conclusión bastante extraña de que las flores blancas proporcionan la evidencia de que todos los cuervos son negros. Esta paradoja del cuervo parece un truco lógico, pero ha resultado muy difícil de resolver.
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