El término “positivo” tiene distintas acepciones. Significa lo que tiene su origen en un acto institucional, divino o humano, que ha sido establecido; se opone, por tanto, a natural, estable o eterno y, en este sentido, se habla, por ejemplo, de derecho positivo, o de religión positiva. Según otra acepción, que sigue más de cerca la etimología (positum = “lo dado”, “el dato”), significa lo dado en la experiencia y, en consecuencia, lo directamente accesible a todos. Comte asume este segundo significado: para él, positivo indica, sobre todo, lo que es “real” (opuesto a ficticio o abstracto, o quimérico), lo observable, lo que puede controlarse experimentalmente, de manera que se sustrae a toda duda, es decir, lo “cierto”. En una tercera acepción, positivo significa también “fecundo”, “eficaz”, “útil”. Este significado es aceptado también por Comte: positivo es lo útil, lo utilizable en beneficio del hombre, sobre todo, a través del dominio de la naturaleza. Finalmente, para el fundador del positivismo, el término positivo incluye el significado de “orgánico”, es decir, aquello que se puede relacionar en un conjunto dotado de unidad, de sistematicidad.
Suelen distinguirse el positivismo científico
y el filosófico. El primero sería un modo de entender la ciencia, que se limita
a afirmar que el conocimiento científico debe atenerse exclusivamente a los
“hechos” o fenómenos observables, a su descripción y a la formulación de las
leyes que los relacionan. Esta modalidad del positivismo no niega la metafísica,
al menos explícitamente. El positivismo filosófico, en cambio, niega a priori la metafísica, al considerar que los hechos empíricos
puros son la única base del conocimiento, vanificando la pretensión de ir más
allá de lo empírico.
«Todo lo que no es estrictamente reducible al
simple enunciado de un hecho particular o general, no puede tener ningún
sentido real o inteligible» [Comte 1965: 54].
Esta versión se centra
principalmente en la doctrina de Comte, que marca el inicio de lo que
propiamente se entiende por positivismo: el sistema que considera objeto de
conocimiento únicamente los hechos de experiencia y sus conexiones; se debe abandonar, por tanto, la
pretensión ilusoria de alcanzar la realidad en su esencia y en sus causas
reales. El objeto de la ciencia no será ya la investigación de la causa, sino
la determinación de las leyes invariables a las que están sometidas las
realidades naturales. El positivismo limita el saber al estudio matemático de
los fenómenos sensibles [Comte 1973: 188-189].
Por otra parte, el conocimiento de las leyes
no tiene otro sentido que hacer posible la previsión racional de los hechos
futuros, permitiendo el dominio sobre las cosas: conocer para
prever y dominar. El propio Comte hace notar la filiación baconiana de
estas ideas, al recordar la identificación que estableció el filósofo inglés
entre ciencia y poder (scientia et potentia in unum coincidunt).
La especulación positiva no pretende ser contemplación de la verdad, visión de las cosas, sino posesión de la ley de sucesión de los
fenómenos para dominar el curso de los acontecimientos naturales. El único
valor de la ciencia consiste, entonces, en proporcionar la base teórica para la
acción del hombre sobre las cosas. En el positivismo, el conocimiento
científico ha quedado reducido a técnica, a instrumento de
poder [Comte 1973: 76-77].
Comte entendió la
nueva ciencia como la forma más prometedora de acceso a la realidad y como la
mejor apuesta a favor del progreso humano. Su capacidad de previsión la
convertía en instrumento perfecto para el dominio racional del universo y de la
sociedad. El positivismo llegó al extremo de ver en la ciencia un sustitutivo
de la filosofía y de la religión, un saber absoluto, capaz de resolver todos
los problemas y de liberar de todas las miserias
humanas: la ciencia venía a ser la religión de los tiempos modernos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario