En Italia se desarrolló un primer positivismo
independiente, de fondo social político y de orientación histórica. Sus
principales exponentes son: Carlo Cattaneo (1801-1869), considerado el fundador
del positivismo italiano y Giuseppe Ferrari (1811-1876). En el campo de la
psiquiatría destaca Cesare Lombroso (1836-1909), quien concibe a la
delincuencia como una forma de epilepsia psíquica y, en consecuencia, el
impulso criminal como algo análogo a una descarga epiléptica, negando la
libertad del delincuente.
El representante más notable del positivismo
italiano posterior es Roberto Ardigò (1828-1920), que introdujo en Italia el
gusto por el método científico en el campo de la cultura. Tiene también el
mérito de haber sabido liberar el positivismo del agnosticismo y del
mecanicismo de Spencer, para intentar la construcción de un sistema
crítico-evolutivo que encuentra sus raíces en la especulación italiana del
Humanismo y del Renacimiento. Bajo la influencia de Ardigò se formó entre sus
discípulos y adeptos una escuela positivista italiana que tuvo un amplio
desarrollo, particularmente en el ámbito de la pedagogía: Giovanni Dandolo
(1861-1908), Aristide Gabelli (1830-1891), Andrea Angiulli (1837-1890), Enrico
Morselli (1852-1929), J.A. Colozza (1857-1943), Giovanni Marchesini
(1868-1931)., Galileo), en el
sábado, 26 de octubre de 2013
. El positivismo en Italia
En la segunda mitad del siglo XIX, en antítesis
con el idealismo alemán y en polémica con el espiritualismo de Rosmini y de
Gioberti, se delinea un movimiento de pensamiento que presenta muchas analogías
con el positivismo europeo, tanto francés (Comte) como inglés (Spencer), aunque
su contenido es muy distinto del europeo, heredero del iluminismo. El
positivismo italiano encuentra sus premisas en el naturalismo del Renacimiento
(Pomponazzi, Machiavelo, Telesio, historicismo crítico de Giambattista Vico y
en el economicismo jurídico y político de Romagnosi.
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