sábado, 26 de octubre de 2013

El materialismo científico alemán

  introdujo el positivismo materialista como expresión del nuevo espíritu científico. Paralelamente, se desarrolló el materialismo naturalista de Feuerbach y el dialéctico o histórico de Marx, ambos de signo filosófico.
En los años 1840-1870 el materialismo de tipo científico en alianza con el positivismo domina entre los cultivadores de las ciencias, que lo profesan como sistema y lo propagan con energía. Estos autores —Vogt, Moleschott, Büchner— no son destacados filósofos ni importantes científicos, pero contribuyeron eficazmente a difundir las ideas materialistas en Alemania y en el mundo. Carl Vogt (1817-1895) sostiene que los fenómenos psíquicos y las actividades mentales son sólo secreciones del cerebro. Ludwig Büchner (1824-1899) es autor de Fuerza y materia (1855), obra considerada durante mucho tiempo la Biblia del materialismo.
Otro autor influyente es Ernst Haeckel (1834-1919), nacido en Postdam, estudioso de zoología y profesor de la Universidad de Jena. Parte de la teoría darviniana de la evolución y piensa que esta teoría da razón de todos los momentos de la evolución, desde la materia inorgánica hasta el homo sapiens, a través de 22 estadios intermedios. A él se debe la formulación de la ley biogenética fundamental: “la ontogenia es una recapitulación de la filogenia”; es decir que desde el embrión hasta la edad adulta se reproducen las fases del proceso con el que se ha formado la entera especie o phylum. Es sabido que para dar una demostración de la la ontogénesis como compendio o repetición de la filogénesis realizó retoques en las fotografías de los embriones animales, de manera que fuesen una progresiva preparación del embrión humano. Haeckel es el principal exponente del monismo materialista en simbiosis con el evolucionismo.
No faltaron en Alemania voces que se opusieron al monismo materialista y al cientificismo radical, también entre los científicos. Quizá la más notable fue la de Emil Du Bois-Reymond (1818-1896), nacido en Berlín, profesor de fisiología y secretario de la Academia de las Ciencias. Reconocía el valor de la ciencia, pero criticó el cientificismo. En su obra Los siete enigmas del mundo afirmó que existen siete problemas que la ciencia no podrá resolver nunca: 1) el origen de la materia y de la fuerza; 2) el origen del movimiento: 3) el origen de la vida; 4) el orden finalístico de la naturaleza; 5) el origen de la sensibilidad y de la conciencia; 6) el origen del pensamiento y del lenguaje; 7) el problema de la libertad y del querer. Reconocía a la ciencia, pero criticó el cientificismo.

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