viernes, 25 de octubre de 2013

Filosofía Política

     La filosofía política es el estudio acerca de cómo debería ser la relación entre los individuos y la sociedad.  Esto incluye el estudio de los gobiernos, las leyes, los derechos, el poder y las demás instituciones y prácticas políticas. La filosofía política se diferencia de la ciencia política por su carácter generalmente normativo. Mientras la ciencia política dedica más trabajo a investigar cómo fueron, son y serán los fenómenos políticos, la filosofía política se encarga de teorizar sobre cómo deberían ser dichos fenómenos.
La filosofía política tiene un campo de estudio amplio y se conecta fácilmente con otras ramas y subdisciplinas de la filosofía, como la filosofía del derecho y la filosofía de la economía.  Se relaciona fuertemente con la ética en que las preguntas acerca de qué tipo de instituciones políticas son adecuadas para un grupo depende de qué forma de vida se considere adecuada para ese grupo o para los miembros de ese grupo.  Las mejores instituciones serán aquellas que promuevan esa forma de vida.

Filosofía como ciencia
   La ciencia se basa fundamentalmente en ciertos principios filosóficos: que realidad es objetiva y constante, que los seres humanos tienen la capacidad de percibir realidad exactamente, y que las explicaciones racionales existen para los elementos del mundo. Si estos axiomas básicos fueran falsos, la ciencia sería no funcional - los descubrimientos hechos hoy no tendrían ninguna relación a los experimentos hechos mañana.
Es importante que la realidad sea objetiva porque la investigación científica no puede continuar si la realidad depende de grupo o de opiniones individuales. La ciencia confía en un universo independiente de observadores humanos. La realidad debe también ser constante porque los experimentos hechos a cualquier momento deben ser relacionados a los experimentos hechos en otros. La ciencia confía en percepciones humanas y fallaría si estas percepciones eran inválidas. Finalmente, la ciencia depende de la idea que las explicaciones racionales existen para el mundo y se pueden obtener con experimentos cuidadosos.
Puesto que está claro que los métodos científicos trabajan muy bien, estos axiomas se confirman, por lo menos en la mayoría extensa de situaciones.
La relación entre filosofía y ciencia generalmente se concibe de dos maneras. En un caso, se supone que la filosofía debe ser enteramente compatible con la ciencia y que la debe tomar como referencia, siendo ésta la filosofía científica. En el otro caso, se supone que la filosofía ha de tener vida propia sin responder a  
ninguna otra rama del conocimiento, a la que podríamos denominar filosofía especulativa.
Hans Reichenbach escribió: “Los sistemas filosóficos, en el mejor de los casos, han reflejado la situación del conocimiento científico de su época; pero no han contribuido al desenvolvimiento de la ciencia. El desarrollo lógico de los problemas es labor del científico; su análisis técnico, aun cuando a menudo se halla dirigido hacia pequeños detalles y rara vez se realiza con propósitos filosóficos, ha ampliado la comprensión del problema hasta que, con el tiempo, el conocimiento técnico fue lo suficientemente completo para poder dar respuesta a las preguntas filosóficas”.
“Los libros de texto de filosofía generalmente incluyen un capítulo sobre la filosofía del siglo XIX escrito en el mismo tono que los que tratan de la filosofía de los siglos anteriores. Este capítulo menciona nombres como los de Fichte, Schelling, Hegel, Schopenhauer, Spencer y Bergson, y comenta sus sistemas como si fueran creaciones filosóficas situadas en la misma línea de los sistemas de los periodos precedentes. Pero la filosofía de los sistemas termina con Kant, y es un error de la historia de la filosofía el discutir sistemas posteriores en el mismo nivel que los de Kant o Platón. Los sistemas anteriores reflejan la ciencia de su tiempo y dieron pseudo-respuestas cuando no podían darse otras mejores. Los sistemas filosóficos del siglo XIX fueron construidos en los momentos en que se estaba elaborando una nueva filosofía; son el producto de hombres que no se dieron cuenta de los descubrimientos filosóficos inmanentes a la ciencia de su tiempo y que desarrollaron, bajo el  nombre de filosofía, sistemas de ingenuas generalizaciones y analogías. En ocasiones fue el persuasivo lenguaje de sus exposiciones, en otras la sequedad pseudo-científica de su estilo, lo que impresionó a sus lectores y contribuyó a su fama. Pero, considerados históricamente, estos sistemas podrían compararse más bien al término de un río que después de correr por fértiles tierras terminara por secarse en el desierto”

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