La filosofía política tiene un campo de estudio amplio y
se conecta fácilmente con otras ramas y subdisciplinas de la filosofía, como la
filosofía del derecho y la filosofía de la economía. Se relaciona fuertemente con la ética en que las preguntas
acerca de qué tipo de instituciones políticas son adecuadas para un grupo
depende de qué forma de vida se considere adecuada para ese grupo o para los
miembros de ese grupo. Las mejores
instituciones serán aquellas que promuevan esa forma de vida.
Filosofía como
ciencia
Es importante que la realidad sea objetiva porque la
investigación científica no puede continuar si la realidad depende de grupo o
de opiniones individuales. La ciencia confía en un universo independiente de
observadores humanos. La realidad debe también ser constante porque los
experimentos hechos a cualquier momento deben ser relacionados a los
experimentos hechos en otros. La ciencia confía en percepciones humanas y
fallaría si estas percepciones eran inválidas. Finalmente, la ciencia depende
de la idea que las explicaciones racionales existen para el mundo y se pueden
obtener con experimentos cuidadosos.
Puesto que está claro que los métodos científicos
trabajan muy bien, estos axiomas se confirman, por lo menos en la mayoría
extensa de situaciones.
La relación entre filosofía y ciencia generalmente se
concibe de dos maneras. En un caso, se supone que la filosofía debe ser
enteramente compatible con la ciencia y que la debe tomar como referencia,
siendo ésta la filosofía científica.
En el otro caso, se supone que la filosofía ha de tener vida propia sin
responder a
ninguna otra rama del conocimiento, a la que podríamos
denominar filosofía especulativa.
Hans Reichenbach
escribió: “Los sistemas filosóficos, en el mejor de los casos, han reflejado la
situación del conocimiento científico de su época; pero no han contribuido al
desenvolvimiento de la ciencia. El desarrollo lógico de los problemas es labor
del científico; su análisis técnico, aun cuando a menudo se halla dirigido
hacia pequeños detalles y rara vez se realiza con propósitos filosóficos, ha
ampliado la comprensión del problema hasta que, con el tiempo, el conocimiento
técnico fue lo suficientemente completo para poder dar respuesta a las
preguntas filosóficas”.
“Los
libros de texto de filosofía generalmente incluyen un capítulo sobre la
filosofía del siglo XIX escrito en el mismo tono que los que tratan de la
filosofía de los siglos anteriores. Este capítulo menciona nombres como los de
Fichte, Schelling, Hegel, Schopenhauer, Spencer y Bergson, y comenta sus
sistemas como si fueran creaciones filosóficas situadas en la misma línea de
los sistemas de los periodos precedentes. Pero la filosofía de los sistemas
termina con Kant, y es un error de la historia de la filosofía el discutir
sistemas posteriores en el mismo nivel que los de Kant o Platón. Los sistemas
anteriores reflejan la ciencia de su tiempo y dieron pseudo-respuestas cuando
no podían darse otras mejores. Los sistemas filosóficos del siglo XIX fueron construidos
en los momentos en que se estaba elaborando una nueva filosofía; son el
producto de hombres que no se dieron cuenta de los descubrimientos filosóficos
inmanentes a la ciencia de su tiempo y que desarrollaron, bajo el nombre de
filosofía, sistemas de ingenuas generalizaciones y analogías. En ocasiones fue
el persuasivo lenguaje de sus exposiciones, en otras la sequedad
pseudo-científica de su estilo, lo que impresionó a sus lectores y contribuyó a
su fama. Pero, considerados históricamente, estos sistemas podrían compararse
más bien al término de un río que después de correr por fértiles tierras terminara
por secarse en el desierto”
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