Marx Shelerfundador de la antropología filosófica
pretende construir una idea unitaria del hombre mientras que Michel Focault
fragmenta al hombre en diferentes estructuras de las que se ocuparan las
diferentes ciencias.
Los griegos entendían el alma de dos formas distintas.
Por un lado la consideraban cono principio de la vida, todos los seres vivos
tienen alma, y por otro como principio del conocimiento racional.
Cuando Platón
habla del alma, aunque entiende este concepto a la manera tradicional del mundo
griego, va a insistir sobre todo en el alma como principio del conocimiento
racional. Desde este punto de vista y recogiendo opiniones de filósofos
anteriores, va a partir de que el alma es eterna, y que es la causa de la
capacidad de pensar que tiene el hombre.
La identificación
del hombre con el alma o espíritu que reside en un cuerpo es adoptada también
por una corriente del pensamiento occidental representada por San Agustín
y Descartes.
Sin embargo, otra
tradición filosófica apunta al hombre como un ser corpóreo. De acuerdo con esta
concepción Aristóteles dice que el alma no es sino la forma primera de
un cuerpo natural organizado, es decir, la “función” que realiza ese cuerpo que
se encuadra dentro de la naturaleza.
El hombre es para Aristóteles
un animal social y político y la forma más perfecta de sociedad es la ciudad.
Según éste, el bien tiene dos vertientes, una individual, que se trata en la
Ética, y otra comunitaria, objeto de la Política. El hombre como ser social y
político por naturaleza, no podrá alcanzar ni la virtud, ni la felicidad, sino
es dentro de la ciudad, de ahí la gran importancia de la política en la
concepción aristotélica, por medio de la cual podría estudiarse la naturaleza
de los hombres.
Durante la Edad
Media, la vida y el pensamiento giraban en torno a Dios, La preocupación por el
hombre y la naturaleza va a determinar el desarrollo del pensamiento
renacentista en su doble vertiente. Dios, si bien sigue siendo necesario para
explicar el mundo, pasa a un segundo plano, ocupando el hombre y la naturaleza
el primer lugar. Si bien Dios crea al hombre y a la naturaleza, el hombre,
utilizando la razón, puede conocer y explicar tanto a Dios como a la
naturaleza. Humanismo y naturalismo definen el pensamiento renacentista.
Descartes parte
del convencimiento de que la razón humana es una, en el sentido de que es un
instrumento que tiene la misma aplicación y el mismo funcionamiento en todos
los hombres. De este modo, todas las ciencias no son más que diferentes
aplicaciones de una razón única a distintos objetos.
Yo
puedo dudar de todo, de que las cosas sean tal y como las muestran los
sentidos, de que existan realmente cosas fuera de mí e, incluso de que mi
propia razón funcione correctamente cuando piensa. Pero hay algo de lo que no
puedo dudar y es de que yo dudo. Por tanto es evidente que yo dudo y, por tanto
que yo pienso (Pensar, "cognitare", tiene en Descartes un
significado amplio e incluye toda actividad mental). Tenemos pues una verdad
indudable: "Yo pienso". Pero si yo pienso es necesario que yo exista puesto que
para pensar es necesario existir. De este modo, en el propio acto de la duda
encuentra Descartes la evidencia de su existencia y llega así a una
verdad totalmente evidente e indudable: "PIENSO, LUEGO EXISTO"
Esta primera
verdad servirá a Descartes como punto de partida, como cimiento a partir
del cual poder construir deductivamente el edificio del conocimiento del hombre
que era su proyecto originario.
En la Edad Moderna
el hombre va a ocupar el lugar reservado a Dios (antropocentrismo). La
Ilustración fue un movimiento cultural que se desarrolló en el Siglo XVIII, y
que se corresponde con el ascenso de la burguesía. La razón, juega un papel
importantísimo dentro del pensamiento Ilustrado. La razón es la que permite
conocer y explicar no sólo el mundo físico, sino también la sociedad y el
proceso histórico.
Es
en Kant donde mejor se reflejan los ideales de la Ilustración y la
explicación de lo que podría ser el hombre. Para Kant, es únicamente a
través de la sociedad y, por lo tanto, de la Historia, donde el hombre puede
desarrollar algunas disposiciones de su naturaleza, en concreto alcanzar la
libertad. Pero esa libertad debe estar comprendida dentro de unos límites que
permitan unificar el Poder del Estado y el Derecho, es decir se salvaguarde la
libertad de todos los ciudadanos. La Historia, a la vez que nos permitirá
finalmente ser libres e iguales, llevará finalmente
a una sociedad de naciones (cosmopolitismo), donde finalmente brillara la
justicia, tanto entre las personas como entre los pueblos.
Los
existencialistas afirmaban que el hombre carece de naturaleza y era sólo libertad, contradiciendo de este modo
el pensamiento clásico griego. Hoy día parece extendida la idea de que el
hombre al nacer carece de naturaleza definida y tiene que irse haciendo así
mismo escogiendo lo que quiere ser o, más bien, llegar a ser. La dignidad del
hombre será pues no lo que la naturaleza le conceda al nacer, sino lo que pueda
llegar a conseguir de acuerdo con las acciones que realiza en el marco de su
libertad
La concepción de Hobbes,
expresada en su celebre frase “homo homini lupus”, (el hombre es un lobo
para el hombre), contiene su idea de ese estado inicial anterior a la sociedad,
y su visión la "naturaleza" humana, basada en la fuerza y la
violencia. El hombre "natural", sería un ser solitario, egoísta y
brutal. En ese estado teórico, los hombres no podían vivir tranquilos ya que la
inexistencia de leyes y autoridad hacía que reinase la ley del más fuerte. En
ese estado el hombre era totalmente libre ya que podía hacer lo que desease,
pero no había nadie que le garantizase esa libertad más que él mismo. El
"estado de naturaleza", sería por lo tanto una situación de violencia
y guerra de todos contra todos, por imponer cada uno su libertad. La sociedad,
el Estado, tendría su origen por lo tanto en la cesión de parte de esa
libertad, de manera voluntaria o forzosa, a la sociedad que a cambio le
garantizaría el ejercicio tranquilo del resto. De esa forma se
configuraría el Estado cuya función sería garantizar el libre ejercicio de la
libertad
La visión deRousseau,
en sus fundamentos se sitúa en las antípodas de la de Hobbes. El hombre
ya no es un ser malvado por naturaleza, sino todo lo contrario, el hombre es
naturalmente bueno, y es la sociedad la que le pervierte e inculca en él
sentimientos de maldad.
Para Marx
el trabajo es la verdadera esencia del ser humano, el hombre para poderse
realizar como tal debe de realizar un trabajo socialmente productivo. Mediante
el trabajo se humaniza la naturaleza y se realiza la dimensión natural (social)
del hombre. La finalidad del trabajo, además de la realización del individuo es
la producción (de mercancías). Realmente desde el punto de vista marxista, el
valor (de cambio) de las mercancías viene determinado por el trabajo humano
acumulado.
La filosofía
moderna se caracteriza por bascular casi siempre en torno a dos posturas: El realismo, que es la postura que parte
de una creencia básica: lo real es lo que existe independientemente del sujeto,
es decir, lo que existe independientemente de que sea o no pensado por un
intelecto, por una mente, y el idealismo,
que es la postura contraria que considera que lo real lo es, precisamente,
porque está presente a un sujeto.
Para
Ortega y Gasset ambas posturas caen en el mismo error: la realidad se
concreta en algo particular. En un caso la NATURALEZA (realismo) y en el
otro caso el INTELECTO (idealismo).
Ortega sostiene
que el “yo” es un ingrediente de la realidad pero no la realidad primaria. Lo
mismo ocurre con las cosas. En el fondo, la realidad primaria y radical es “El
yo con las cosas”. No se puede hablar de cosas sin yo ni de yo sin cosas. La
realidad radical es ese quehacer del yo con las cosas que llamamos vida humana.
La vida es
definida como lo que hacemos y lo que nos pasa. Este concepto de vida incluye
por igual al sujeto y al mundo. Así lo expone el propio Ortega: "Yo me
encuentro con las cosas en una circunstancia determinada teniendo que hacer
algo para vivir. Me encuentro pues en la vida.". En este punto adquiere
todo su sentido una famosa afirmación orteguiana: “YO SOY YO Y MIS
CIRCUNSTANCIAS"
Este concepto de
CIRCUNSTANCIA es esencial en la filosofía de Ortega. Por circunstancia se
entiende nuestra propia limitación, todo lo que no somos, todo aquello con lo
que nos encontramos (incluido el propio cuerpo y el propio psiquismo). Toda la
sociedad, hombres, usos sociales, creencias, ideas y opiniones de nuestro
tiempo.
El YO no tiene
sentido aparte de las circunstancias y es inseparable de ellas. La realidad
circundante forma pues la otra mitad de mi persona.
De todo lo visto
anteriormente, podemos deducir que el hombre es un misterio para el propio
hombre, todo parece indicar que se tratara de un enigma indescifrable, porque
se mire como se mire está demasiado cerca de sí mismo, está “dentro de él”.
Heraclito
afirmó que “Me he buscado a mí mismo”, Sócrates se inspiró en el famoso
“Conócete a ti mismo” y Ortega concluyó, “Yo soy yo y mis
circunstancias”. Lo podemos conocer, intentamos explicarlo, pero es difícil
comprenderlo.
El hombre es a la
vez un individuo aislado y un grupo de entes dentro de la naturaleza, incluso
organizado, jerarquizado, estatalizado. El hombre nace biológicamente
terminado, pero al mismo tiempo con grandes carencias y deficiencias,
inadaptado al ambiente y debe de hacerse así mismo a través de las
circunstancias que le rodean. El hombre es a la vez poco y mucho. Esta es la
gran diferencia del hombre con cualquier otro objeto o ser de la naturaleza,
cuya vida parece prefijada y resuelta desde el principio.
Sin embargo, si
tuviéramos que destacar una idea que subyace al intentar resolver el problema
del hombre, al intentar encontrar su respuesta, esta sería la idea de su
complejidad: cambia, se transforma continuamente, posee infinitas facetas,
adquiere muchísimos aspectos,... y todas ellas y todos ellos a veces están de
acuerdo y a veces se contradice
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