Juan Duns Escoto, franciscano
de origen escocés,
llega a la idea de Dios: el Ser Infinito, como una noción alcanzada por vía
metafísica; ésta, entendida por el franciscano en su estricto sentido
aristotélico como la ciencia del ser en cuanto ser. Establece así una autonomía
de la filosofía y la teología, pues es claro que cada una de estas disciplinas
tiene su método y objeto propio; aunque para Escoto la teología supone desde
luego, una metafísica.
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