Escoto señalará que la definición tomista a posteriori,
esto es, del efecto a la causa, no es realmente demostrativa y muchas verdades
pueden quedar fuera del alcance con semejantes planteamientos. El número de
proposiciones teológicas indemostrables, siendo esto así, iría desde los Diez
mandamientos hasta la misma existencia de Dios. La teología dejaría de ser una
ciencia al verse incapaz de resolver cuestiones fundamentales. Pasando a ser un
conjunto de saberes prácticos que, aunque no poseyeran carácter científico,
conducirían a la persona a la salvación de su alma.
Los caminos de la
teología y la filosofía comienzan entonces a separarse progresivamente, no
tanto por un desprecio por lo teológico sino, más bien al contrario, por un
respeto reverencial a todo lo que tuviera que ver con este ámbito. Se pretende
segregar la teología de las demás disciplinas por el valor supremo otorgado a
la fe, pues esta disciplina podía quedar contaminada por otro saber de raíces
precristianas como era la filosofía. Mientras los teólogos desechan el
racionalismo por una completa inclinación hacia lo revelado, los filósofos
volcarán su atención en la ciencia y la naturaleza, tendencia que se mantendrá
y reforzará durante la siguiente centuria, hasta desembocar en la revolución
intelectual que dará lugar al Renacimiento y, dentro del contexto de esta
nueva etapa, a la Reforma de la Iglesia.viernes, 25 de octubre de 2013
Crisis
La Escolástica entra en crisis a partir del
siglo XIV cuando se pone en duda el pilar central que daba sustento a todo el
sistema y unificaba de común acuerdo a las distintas tendencias existentes en
su seno. La síntesis realizada por Santo Tomás parecía perder fuerza y vigencia, pues si
nadie, hasta entonces salvo los averroístas, negaba la complementariedad de
razón y fe, comenzaba a sostenerse que la razón poseía límites y que estos eran
considerablemente más estrechos que los de lo que cabía pensar entonces.
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